Junio 2013
Estoy
harto de la crisis. Pero aun más de que día tras día en todos los blogs y
medios de comunicación se establezcan foros, debates y artículos formulando la
misma pregunta: ¿Cuándo saldremos de la crisis? ¿Cuándo empezaremos a crecer?
¿Cuándo generaremos empleo? ¿Cuándo, cuándo, cuándo?
W:
Empieza pareciendo una crisis V pero en pleno crecimiento se produce un rebote
que hace que vuelva a caer la demanda interna y se desplome todo de nuevo.
Principalmente sucede cuando la
recuperación se ha basado en un incremento del gasto público
que desaparece al empezar la recuperación. La demanda aun no está sólida para
andar solita y se desploma de nuevo.
U:
Se llega al fondo y en dos o tres años, poco a poco, se van recuperando todos
los indicadores generales de crecimiento.
L:
No se sale de ahí. El endeudamiento de familias, empresas y sector público no
permite que tire la demanda interna aunque el sector financiero se haya
saneado.
Está
claro que nuestra crisis no es en forma de V ni W, esto nos pasó en el 92
cuando tocamos fondo y rápidamente empezamos a crecer a través de la demanda
interna, provocando rápidamente una subida del empleo (llegamos al 24%, menos
que ahora) y por consecuencia un crecimiento del PIB. Tampoco el estado ha
tenido dinero para hacer crecer la economía más que el torticero plan E y los
renoves sectoriales que se inventan.
Estamos
en algo más serio, la cuestión es si será una crisis en forma de U o en forma
de L.
Los
principales ejemplos los podemos tener de crisis en forma de L son la Gran Depresión de EEUU en 1920, que se
alargó hasta la segunda Guerra Mundial o el Japón de los 80, que aun están
sufriendo, y que quizás, aunque con matices, es la que más se puede parecer a
la nuestra.
En
Japón se produjo una burbuja inmobiliaria mucho mayor que la nuestra. El gran
superávit comercial hizo que el sector privado y financiero se pusieran a
comprar suelo y acciones, las cuales no paraban de crecer basándose en el
brutal crecimiento del activo inmobiliario, produciéndose una espiral de
crecimiento de valores y suelo que acabó por explotar. Para hacernos una idea
de la magnitud de ese crecimiento, decir que durante la década de los 80 el
valor inmobiliario de Japón equivalía al 20% de la riqueza mundial, y que Tokio
valía más que todo Estados Unidos. Al explotar la burbuja hizo que se
desplomaran los precios de la vivienda.
Hoy el precio de la vivienda en Japón es 80 veces inferior que hace 30
años. El índice Nikkei durante la década de los 80 llegó a 40.000 puntos. Hoy
está por debajo de los 10.000. El endeudamiento del Estado para intentar parar
estas cifras está en un 200% del PIB, muy por encima de Grecia, y todo ello,
aunque con tipos cercanos al 0%, hace que en 35 años no hayan crecido. Aun
están pagando la fiesta. Y eso que estamos hablando de Japón, que durante la
fiesta rozaba el pleno empleo y hoy están solo en un 5% de desempleo, y siendo
una de las sociedades con una menor desviación de la renta del mundo y con una
tasa de I+D+I más altas del mundo. Otro dato importante es que la deuda
Japonesa recae mayoritariamente en los japoneses, ellos pagan y ellos cobran.
Comparando,
comparando, todo esto nos suena demasiado para poder obviar lo obvio. Nuestra
burbuja no ha sido tan grande como la japonesa, pero nuestras armas para
superarla son infinitamente menores: 25% de paro, nula inversión pública y
empresarial en I+D+I, desviaciones crecientes de la renta, deuda pública
elevada. Nuestra economía, aparte del problema de crecimiento que afronta la
mayoría de economía mundial, tiene dos lastres particulares: Una burbuja inmobiliaria explotada y sobre
todo el lastre que supone el paro. Para generar empleo España debe crecer por
encima del 2%, y crecer por encima del 2% con un 25% de paro es muy muy
complicado. Otra espiral. Bienvenidos al final de la crisis, bienvenidos al
desierto de la L.
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