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domingo, 21 de julio de 2013

CUANDO LA PREGUNTA ESTÁ EQUIVOCADA

Junio 2013
 
 
Estoy harto de la crisis. Pero aun más de que día tras día en todos los blogs y medios de comunicación se establezcan foros, debates y artículos formulando la misma pregunta: ¿Cuándo saldremos de la crisis? ¿Cuándo empezaremos a crecer? ¿Cuándo generaremos empleo? ¿Cuándo, cuándo, cuándo?

 Todas las crisis tienen indicadores más o menos precisos para responder a esta pregunta: Demanda interna, tasa de desempleo, PIB. Con ellas y su evolución podemos afirmar categóricamente que hace unos seis meses hemos salido de la crisis. Maticemos. ¿Quiere decir esto que vuelve la fiesta del consumo? ¿Que podemos volver a gastar lo que no tenemos? Nada más lejos de la realidad. Vamos a decir perogrulladas. Es ineludible que lo primero que se debe hacer para crecer es parar de decrecer, y para parar de decrecer previamente se debe reducir el nivel de decrecimiento. Y este es el punto que hace unos seis meses estamos, frenando el decrecimiento, con lo cual estamos en el primer paso de salida saliendo de la crisis. Hemos tocado fondo vamos. Es por ello que el cuándo ya ha llegado, de hecho en la mayoría de opiniones válidas hace tres años que ya se sabía la fecha. La pregunta realmente importante a hacerse, ahora y antes, es el CÓMO, no el CUÁNDO.

 Ahondemos en los tipos de crisis que existen. Existen cuatro tipos de crisis económicas: Cíclicas, de demanda, de oferta y financieras. Sin profundizar en el significado de todas ellas, está claro que la actual no es un problema cíclico, ni de demanda ni oferta (los precios no han caído en picado), sino financiera. Nos hemos pegado una fiesta con dinero ajeno, y ahora hay que recoger la casa y pagar la fiesta con un dinero que no tenemos. En fin, es muy básico pero es  lo que ha pasado. De una crisis de este tipo se puede salir de 4 modos: V, W, U o la temida L.

 V: Tocamos fondo y empezamos a crecer con una recuperación rápida e intensa que se manifiesta con rápidos crecimientos de Consumo, inversión, demanda interna y como consecuencia de ello del PIB.

W: Empieza pareciendo una crisis V pero en pleno crecimiento se produce un rebote que hace que vuelva a caer la demanda interna y se desplome todo de nuevo. Principalmente sucede cuando la recuperación se ha basado en un incremento del gasto público que desaparece al empezar la recuperación. La demanda aun no está sólida para andar solita y se desploma de nuevo.

U: Se llega al fondo y en dos o tres años, poco a poco, se van recuperando todos los indicadores generales de crecimiento.

L: No se sale de ahí. El endeudamiento de familias, empresas y sector público no permite que tire la demanda interna aunque el sector financiero se haya saneado.

Está claro que nuestra crisis no es en forma de V ni W, esto nos pasó en el 92 cuando tocamos fondo y rápidamente empezamos a crecer a través de la demanda interna, provocando rápidamente una subida del empleo (llegamos al 24%, menos que ahora) y por consecuencia un crecimiento del PIB. Tampoco el estado ha tenido dinero para hacer crecer la economía más que el torticero plan E y los renoves sectoriales que se inventan.

Estamos en algo más serio, la cuestión es si será una crisis en forma de U o en forma de L.


Los principales ejemplos los podemos tener de crisis en forma de L son  la Gran Depresión de EEUU en 1920, que se alargó hasta la segunda Guerra Mundial o el Japón de los 80, que aun están sufriendo, y que quizás, aunque con matices, es la que más se puede parecer a la nuestra.

 
En Japón se produjo una burbuja inmobiliaria mucho mayor que la nuestra. El gran superávit comercial hizo que el sector privado y financiero se pusieran a comprar suelo y acciones, las cuales no paraban de crecer basándose en el brutal crecimiento del activo inmobiliario, produciéndose una espiral de crecimiento de valores y suelo que acabó por explotar. Para hacernos una idea de la magnitud de ese crecimiento, decir que durante la década de los 80 el valor inmobiliario de Japón equivalía al 20% de la riqueza mundial, y que Tokio valía más que todo Estados Unidos. Al explotar la burbuja hizo que se desplomaran los precios de la vivienda.  Hoy el precio de la vivienda en Japón es 80 veces inferior que hace 30 años. El índice Nikkei durante la década de los 80 llegó a 40.000 puntos. Hoy está por debajo de los 10.000. El endeudamiento del Estado para intentar parar estas cifras está en un 200% del PIB, muy por encima de Grecia, y todo ello, aunque con tipos cercanos al 0%, hace que en 35 años no hayan crecido. Aun están pagando la fiesta. Y eso que estamos hablando de Japón, que durante la fiesta rozaba el pleno empleo y hoy están solo en un 5% de desempleo, y siendo una de las sociedades con una menor desviación de la renta del mundo y con una tasa de I+D+I más altas del mundo. Otro dato importante es que la deuda Japonesa recae mayoritariamente en los japoneses, ellos pagan y ellos cobran.

 
Comparando, comparando, todo esto nos suena demasiado para poder obviar lo obvio. Nuestra burbuja no ha sido tan grande como la japonesa, pero nuestras armas para superarla son infinitamente menores: 25% de paro, nula inversión pública y empresarial en I+D+I, desviaciones crecientes de la renta, deuda pública elevada. Nuestra economía, aparte del problema de crecimiento que afronta la mayoría de economía mundial, tiene dos lastres particulares:  Una burbuja inmobiliaria explotada y sobre todo el lastre que supone el paro. Para generar empleo España debe crecer por encima del 2%, y crecer por encima del 2% con un 25% de paro es muy muy complicado. Otra espiral. Bienvenidos al final de la crisis, bienvenidos al desierto de la L.